A veces me pregunto qué fue de esos tipos duros, de Esos odiados por muchos, queridos por muy pocos y envidiados por todos. Esos hombres capaces de desarmar a una mujer con una sola mirada, con un gesto, o simplemente girando la cabeza para mirar a su mejor amiga.
Capaces de intimidar a cualquier papanatas con más boca que dinero en la cuenta corriente con su forma de andar o de sentarse. Esos hombres criticados por unos y a la vez copiados por aquellos. Hombres que no necesitaban de nada ni de nadie. Su intelecto, su atractivo y sus ganas de comerse el mundo eran suficientes para conseguir todo aquello que se proponían.
Los tiempos han cambiado, y mucho. Pero los estúpidos, los envidiosos y las bellas mujeres siguen existiendo, por fortuna. Y sí, por fortuna también estúpidos y envidiosos, pues son quienes alimentan nuestra leyenda. Aquellos que quieren ser, pero no son.
Esos que dicen ser aquello con lo que sueñan. Esos son tan importantes como nuestro peinado, nuestros pantalones o nuestro paquete. Esos mindundis vacíos de personalidad y carácter, que se dejan llevar por el primer viento procedente del Estrecho, engrandecen nuestra figura ya colosal. Porque...sí, nos reímos de casi todo, disfrutamos con casi todo, aprovechamos casi todo y somos como nadie. Somos esos tíos que parecen no tener nada que perder, pero que valoran cada detalle como una madre valora el suficiente de su hijo con sobrepeso en Educación Física. Esos tíos dispuestos a partir la cara al más chulo del barrio, pero también a ayudar a tu abuela a cruzar la calle o a saciar a la madre de tu mejor amigo.
Pero, sobre todo, esos tíos como los que quieres ser, pero como los que nunca serás. Sí, somos una raza en peligro de extinción : somos unos Canallas.



0 comentarios:
Publicar un comentario