A veces, más a menudo de lo que piensa, las cosas no salen como deberían. Y es entonces cuando, de golpe y porrazo, se da cuenta de lo que es la vida porque le toca apechugar. Y tiene miedo. El problema es que no sabe a qué cojones le tiene miedo. Se hace mayor, de repente, y piensa en las cosas que no ha hecho. Y en la que le quedan por hacer. Pero resulta que hoy no. Hoy no toca pensar en nada.
Le han tocado las peores cartas. Le da la sensación de que el fulano de enfrente tiene escalera de color. Y se ríe. En su puta cara. Como ese adoquín suelto que le pone perdido el pantalón los días de lluvia. A defenderse tocan. Sin cuartel.
Es usted un peón.
Carne de cañón.
La fiel infantería.
Y aquí es donde tiene que poner en práctica todo lo aprendido. Y lo que le queda por aprender. A vuestra merced le toca batirse a diestro y siniestro desde una trinchera húmeda. Y fría. Fría como la madre que la parió. Ah, por cierto, se me olvidaba decirle que no está en la guerra. Ni en Afganistán ni en Flandes. Porque el tema está en que "Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida" que diría Tyler Durden.
Pongamos un ejemplo bastante aburrido real. Viernes por la mañana. Llega usted a clase. Resaca. Las noches de los jueves son muy largas. Ni se acordaba de ese examen de Normas Internacionales de Contabilidad. Un 6. No está mal. "¿No está mal? ¿Es usted idiota?" Estuvo casi un mes preparándolo. Cuando salió del aula 3 tenía la autoestima por las nubes "Olé. Esta vez sí que sí." Nos toca batirnos. Subir hasta el despacho 197 con toda la tostada para arañar unas décimas. O un par de puntos. Lo que se merezca. O no. Invéntese algo. 6 créditos en la pública no es una tontería. Con matrícula de honor le da para invitar a cenar a esa futura abogada de las Vans. Qué alternativa y qué mala es, ¿no?. Y qué buena está.
Vamos entrando en materia.Pongamos otro ejemplo más. Sábado por la noche. Un par de amigos y usted en un antro. Lo de siempre. Hasta que, de repente, salta el radar. Es ella. Cuántas noches mirando al techo. Y eso que todavía no han tenido nada. Cuantos mensajes uno detrás de otro. "¿Qué tal? Bien, ¿y tú? Aquí..." Pero, un momento, ¿qué hace hablando con ese payaso de INEF? Camiseta rosa. Slim fit. Pitillos. Su puta madre. Toca batirse. Vale que el mejor castigo a su indecisión de estas tres últimas semanas sería que esta noche le tocase a él anotarse una muesca más en la culata. Pero no, esta no es su noche. Toca batirse.
Se acerca, callado como un puta. Y le saluda a él. Total, ustedes dos se conocen de vista. La princesita se sorprende. "¿Y yo qué?" piensa. "Anda, N, qué coincidencia..." El resto ya es cosa suya. Cada situación tiene su propia idiosincrasia pero lo normal es que caiga por su propio peso. Es él el que está a la defensiva. Y usted hasta se lo está pasando bien.
Espero que disfrute de lo que ha aprendido, caballero. Y más aún de lo que le queda por aprender.
Lo siento por los bises. Me prodigo poco.
Y haga el favor de subirse los pantalones. O de comprarse calzoncillos. Esos que lleva son horrorosos.



0 comentarios:
Publicar un comentario